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Re-creación de una historia personal y nacional en La “Flor de Lis” de
Elena Poniatowska
Michele Davila (PUC-RJ)
- Tú tenías el afán de que el país te
entrara por los ojos, abue . . .
- Sí - me responde - ahora te toca
a ti memorizarlo.
Elena Poniatowska
La “Flor de Lis”
Elena Poniatowska es una reconocida autora mexicana que ha privilegiado la voz de grupos minoritarios y en especial a la mujer mientras retrata la historia de su país en sus textos. En La “Flor de Lis” la escritora plantea la problemática de adaptación de los inmigrantes europeos en México mediante su alter-ego Mariana. En esta novela de formación Mariana lucha por crear una identidad individual y nacional. El texto muestra la memoria de este personaje en crisis y como corolario, cuestiona la representación histórica de México que es entrevisto en el conflicto ontológico de la heroína. Mariana es el punto central de un dialogismo que presenta una herencia cultural múltiple donde lo indígena, lo mexicano y lo europeo existen en un contrapunto polifónico. En este trabajo analizaré cómo Mariana revisa su historia familiar europea y asume una nueva identidad cultural mexicana con ayuda de varios personajes representativos de diferentes grupos étnicos y sociales. Sin embargo, mientras Mariana presenta cómo logra forjarse una identidad nacional como mexicana, su identidad individual queda estancada por la obsesión que tiene con su progenitora.
En este Bildungsroman femenino la formación de la protagonista tiene dos etapas: la de su niñez, en que su madre Luz es el punto focal de su existencia, y la de su adolescencia con el padre Teufel, del cual se enamora y llega a comprender la lucha de clases existente en su país. Este trayecto de aprendizaje está en la memoria de Mariana puesto que ella pretende recuperar su pasado por medio de sus recuerdos. No obstante, ese recuerdo es una representación porque el referente de la memoria, al ser recordado, está ausente. Es imposible traer el pasado intacto al presente. Esto provoca, usando una terminologia del historiador Richard Terdiman, una crisis de representación. Según Terdiman la memoria fue una preocupación cultural que sirvió de base para la producción cultural de las naciones europeas. La cultura ayuda a estabilizar un país y a darle una apariencia de coherencia. Esta reproduce una memoria social que a su vez sienta la base de una sociedad y se convierte en discurso, o en otras palabras, ideología (16).
Primero es la memoria, pero luego es el lenguaje lo que trae el pasado al presente. La escritura es una estratagema de la memoria para mantenerse y perpetuarse. Ya sea de forma colectiva o individual, la lectura de la memoria es un viaje retrospectivo que ayuda a entender la idiosincrasia de naciones o personas, sin perder de vista que sigue siendo un recuerdo y por lo tanto, una representación. El Bildungsroman es un género que apunta a la necesidad de reconstruir una historia, un pasado, de un personaje de la misma forma que la “Historia” pretendía y pretende reconstruir el pasado de una nación o sociedad. De igual modo, cuando Mariana escribe su historia también escribe una parte de la historia de México.
Este texto, con claras referencias autobiográficas, detalla la formación de Mariana y: “emphasizes the daily routine in order to explore the dynamics of Mariana's family relationships, her understanding of sex roles and social positions, her formal education, and her particular sense of uprootedness as a French native actively discouraged from identifying with her Mexican roots” (Jörgensen 107). También a través de la heroína, el texto sirve para hacer una crítica a las jerarquías de clase, el racismo, el eurocentrismo, el imperialismo cultural y la sociedad consumista (Jörgensen 102). Mariana primero aprende de los prejuicios de su clase escuchando a su madre y su tía Francisca. Son ellas las que le brindan los recuerdos de una herencia familiar noble y europea. Mariana establece su identidad temprana a través de ellas repitiendo el mismo discurso en un proceso que Bakhtín llamaría de hibridización, que es: “an utterance that belongs, by its grammatical (syntactic) and compositional markers, to a single speaker, but that actually contains mixed within it two utterances, two speech manners, two styles, two ‘languages,' two semantic and axiological belief systems” ( The Dialogic Imagination 34). Pero esta contaminación discursiva sufre una variación al Mariana tornarse más crítica de su mundo y más adelante aprende a cuestionar el legado familiar queriendo eliminar el sentido de una vida obsoleta que no existe, pues la familia ya no vive en París (su tierra natal) ni goza de los privilegios de su clase social. En este sentido la voz de Mariana se convierte en “double-voiced,” usando otro término bakhtiniano. Es decir: “one speaker very often literally repeats the statement of the other speaker, investing it with new value, and accenting it in his own way –with expressions of doubt, indignation, irony, mockery, ridicule, and the like.” ( Problems of Dostoevsky's 194). La lucha de Mariana se debe a su necesidad de adaptarse a un lugar nuevo y de adquirir nuevas y más modernas ideas. Ella quiere ser parte de un mundo diferente al de su pasado, por lo tanto, leemos la crisis de identidad de Mariana tanto individual como nacional.
Muchos de los recuerdos de la joven están relacionados con su educación privilegiada, siendo éste un punto principal en el Bildungsroman . Notamos cómo durante la segunda guerra mundial ella y su hermana Sofía no podían ir a la escuela y eran educadas en el hogar. Aprendían cómo caminar y hasta respirar como dignas duquesitas, mientras su abuelo les enseñaba matemáticas y gramática. Cuando la familia llega a México exiliada, la madre decide ponerlas en una escuela inglesa llamada “Windsor School” porque “el español ya lo pescaremos en la calle, es más importante el inglés. El español se aprende solo, ni para qué estudiarlo” (33). Queda claro en este pasaje los prejuicios de su madre en relación a todo lo mexicano y en especial por la lengua castellana. Lengua y nación van unidas en la mente de Luz. Para ella el español indica una clase social inferior y por esta razón todos los que hablan tal lengua son inferiores al mundo que ella ha adoptado; porque Luz, aunque es mexicana, se considera francesa.
Mariana es la que tiene más interés en conocer a su nuevo país adoptivo y continuamente hace preguntas acerca de la historia de México. Las respuestas de su familia y miembros de la colonia francesa que se formó en México durante y después de la segunda guerra mundial señalan un menosprecio a la vida, cultura e historia mexicanas. Acerca de la revolución, Mariana escucha comentarios negativos tales como: “Tu familia perdió todas sus haciendas, no veo por qué tanto interés” (47), y el resumen que da su madre de tal evento es: “Pinche revolución tan pinche” (70). De esta forma Mariana destaca cómo su familia europeizante se sentía totalmente ajena a las comunidades indígenas y mestizas de México, y de su historia. El racismo materno se destaca al mencionar las cosas buenas y malas que observa acerca de México. Dice: “El Metro, el desarrollo de Acapulco, la industrialización del paraíso, México es un inmenso jardin por cultivar. Lo único malo es la raza” (107), “raza” de la cual ella era parte pero que no aceptaba debido a toda una idea que tenía de la distinción de las clases sociales. Luz y los demás miembros del grupo de inmigrantes europeos se mantuvieron aislados de su entorno porque consideraban a los mexicanos como seres inferiores. Ellos establecieron su propio discurso totalizante aun siendo un grupo minoritario en el país. Por esta razón, durante su niñez Mariana reproduce estas voces que pertenecen a una comunidad en exilio. No tenía razón alguna de pensar de otra manera pues no había estado en contacto con otros grupos. Son tales nociones de clase lo que Mariana irá comprendiendo más tarde con su nana Magda y el padre Teufel, lo cual será analizado más adelante.
Al finalizar la guerra su padre se reúne con la familia y poco tiempo después nace un hijo varón, Fabián. Es entonces cuando deciden enviar a las hermanas a un convento en Philadelphia, en los Estados Unidos para terminar su educación. Los comentarios de Mariana al describir esta época en su vida están llenos de ironía. Ella dice: “En el convento nadie habla de pobreza. América Latina es un banana garden” (98). Y más tarde: “Es justo que sólo los mejores subsistan y nosotras estamos aquí porque somos the top of the top, la crème de la crème, la cereza en la punta, las dueñas del emporio” (99). Esta ironía e intuición social sólo podían ser dichos luego de que Mariana comprendiera los prejuicios de su clase. En esta época lo que sustentaba a Mariana en el exilio era el recuerdo de su madre que ella veía como su esperanza. Pero tal recuerdo siempre estaba tamizado por un vacío espiritual que no sólo se debía a la ausencia física y emocional de Luz, sino también por la falta de una identidad cultural/nacional.
Mariana sufrió mucho con su situación de inmigrante y esto le afectó puesto que los demás niños de su edad la consideraban extranjera. Ella, al contrario de su hermana Sofía, era rubia de ojos claros y le molestaba sobremanera que no la creyeran mexicana. En uno de los pasajes de la novela escuchamos el siguiente diálogo:
- Pero tú no eres de México, ¿verdad?
- Sí soy.
- Es que no pareces mexicana.
- Ah, sí, entonces ¿qué parezco?
- Gringa.
- Pues no soy gringa, soy mexicana.
- No se te ve.
- Soy mexicana porque mi madre es mexicana; si la nacionalidad se heredara
como la del padre, sería mexicana.
- De todos modos, no eres de México.
- Soy de México porque quiero serlo, es mi país. (73-74)
El que las personas mexicanas la rechazaran era un golpe muy fuerte para Mariana. En una ocasión pregunta de forma desoladora: “Mamá, ¿de dónde soy? ¿Dónde está mi casa?” (114). Es cierto que tal vez la razón por la que Mariana decide ser mexicana es porque era la nacionalidad de su madre. Debido a que todo su amor estaba centrado en esa figura huidiza en su vida, la forma de mantener cierta conexión con ella era por medio de la mexicanidad de Luz. Mariana decía que a su madre la definía su ausencia pues parecía vivir en un mundo interior del cual pocos formaban parte. Y tal sentimiento de soledad continúa en la narradora adulta que cuenta su vida. Sin embargo, espiritualmente Mariana se nacionaliza de una forma que no hacen los demás miembros de su familia, incluyendo a su propia madre.
Mientras más aprende ella de México, más orgullosa se siente de pertenecer a esa nación. El patriotismo/nacionalismo de Mariana crece a medida que relata su historia y el Zócalo es su lugar preferido, asumiéndolo como ejemplo de su identidad histórica-nacional. Mariana dice: “Amo esta plaza, es mía, es más mía que mi casa, me importa más que mi casa, preferiría perder mi casa” (52). El Zócalo se convierte en su espacio; la amplitud de la plaza le brinda un sentimiento de pertenencia. De esta forma, la formación de su identidad está íntimamente ligada a la sensación de pertenecer a México.
Si hasta este momento se han señalado las voces europeizantes en la vida de Mariana, la conexión con el mundo mexicano la proveen otros personajes cuyas voces “escuchamos” en la obra ya sea individualmente o a través del mismo discurso de la heroína. Magda, su nueva nana, es quien le cuenta historias y le brinda un fundamento emocional sólido. A pesar de la diferencia étnica y social de su nana, Mariana tenía plena confianza en que Magda estaría siempre a su lado. Es por medio de Magda que Mariana tiene los primeros vislumbres de las diferencias entre las clases sociales. Ella se cuestiona los roles establecidos para unos y otros, pero no recibe explicación a las preguntas que se plantea. En contrapunto, al conocer al padre Teufel, militante de la teología de la liberación, Mariana aprende sobre los discursos marginales existentes en México, que ayudan a socavar la base del discurso dominante de su familia. Al enamorarse de Teufel Mariana sufre a la vez una pérdida de inocencia social, pues se da cuenta de los sufrimientos de las otras clases sociales. Al percatarse de que existen otras personas con ideas y vidas diferentes más allá de la colonia francesa en la que vive, contribuye a que su mundo se transforme. Ella llega a desear ser misionera y eso le da un propósito en su vida. El tratar de ser una mejor persona que ayuda a otras de menos medios la hace sentir importante y es una forma de retribuir a su país adoptivo el sentimiento de pertenencia que ha adquirido. Teufel y su madre se aúnan en el afecto de Mariana, mientras Luz y su tía se envuelven en la personalidad intensa y carismática del sacerdote. Este idilio platónico se rompe al Mariana enterarse del intento de seducción por parte del padre Teufel con su tía. Esta desilusión hace que Mariana pase de una joven resguardada a una joven que se percata de las profundas contradicciones de su entorno. Es el paso decisivo de su formación a una persona adulta.
Un detalle significativo, que señala el proceso de formación de Mariana, y que no ha sido analizado por la crítica, son los epígrafes que aparecen al comienzo y al final de la novela en la que Mariana llega a asumir el personaje de Lulú, una caricatura popular. Al principio hay una pequeña canción que, según el texto: “canta la Pequeña Lulú mientras se talla en la tina” (11). Al final, sin embargo, ya no es Lulú, es: “La pequeña Mariana, al salir de la tina” (263). De forma simbólica, los dos epígrafes destacan la maduración de Mariana, su desarrollo. Marcan su transformación de niña a mujer. Entra en la tina como un personaje de historietas infantiles y sale hecha una joven mujer segura de su nacionalidad. Ella en la tina se lavará o quitará el bagaje de un pasado que la mantiene encerrada en un mundo aislado contrario al que vive, y entonces al conocer lo que hay más allá de su círculo cerrado, gracias al padre Teufel, podrá salir liberada.
Aunque Mariana consigue tener una conciencia de sí misma y de su mundo circundante, esto no le traerá verdadera satisfacción porque terminará sola. Su identidad nacional ya establecida se enfrenta al vacío espiritual de la pérdida física y emocional del padre Teufel en adición a un extrañamiento cada vez mayor de su madre, quien se enferma luego del caso escandaloso del sacerdote. En un llamado atemporal Mariana ruega: “Mamá, mírame, estoy aquí, mamá, soy tu hija, mamá mírame con tus ojos castaños, mamá no te vayas, cómo te detengo, no puedo asirte, mamá, dime que me oyes, no me oyes ¿verdad? ¿A quién escuchas dentro de ti con esa mirada ausente? ¿Quién te habita? ¿Por qué no soy yo la que te importo?” (200). Por lo tanto, su identidad individual continúa difusa debido a que no ha podido resolver su obsesión con Luz. Mariana necesita del afecto y aceptación maternal para sentirse completa.
No obstante, aunque este Bildungsroman presente que el auto-conocimiento y madurez de la protagonista trae consigo la soledad existen aspectos positivos. Este recuento de diez años en la vida de Mariana, un verdadero trayecto de aprendizaje, es un intento de recuperar en cierta medida a su madre, de comprender a su familia, de analizar los sucesos concernientes al padre Teufel y cómo le afectaron. Más aún, la memoria resulta productiva porque de las remembranzas del pasado sale una creación, un texto. La heroína de La “Flor de Lis” culmina su formación al encontrar una profesión viable para sí misma, la de escritora.
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