![]() |
![]() |
[ VOLTAR ] |
Representaciones alegóricas e irónicas del carnaval
Gerardo Andrés Godoy Fajardo (UFF)
El motivo y el calendario
El carnaval tiene un origen en las celebraciones agrícolas, cuando el ser humano tenía su vida completamente vinculada a la naturaleza. Después de un largo periodo destinado a la cosecha había unos días de relajo y juerga para celebrar la abundancia. Todas las culturas, desde las más antiguas hasta las actuales, han tenido múltiplas manifestaciones que rompen con la práctica del trabajo y se entregan a una festividad lúdica y sin compromisos.
Con un flujo de innumerables corrientes, a lo largo de los siglos en Occidente, es prácticamente imposible seguirle la huella a una manifestación cultural como el carnaval brasileño que se expande hoy en día hacia otros países. Ello debido a que lo brasileño viene de una mezcla portuguesa con lo africano e indígena. Incluso cada pueblo lleva consigo variados matices híbridos, ya que coexisten múltiplos pueblos indígenas, así como africanos y europeos. Sin embargo, en este ensayo me propongo seguirle la pista a una manifestación cultural tan viva como el tiempo, que a cada instante pasa, independientemente de lo que hagamos.
Observemos la cuestión fundamental del calendario del carnaval en Brasil y en muchos otros países católicos. Éste, como se sabe, está vinculado a la cuaresma, que es un periodo de cuarenta días de penitencia que anteceden la muerte de Cristo, hace más o menos 2000 años. No obstante, la algarabía carnavalesca no es un fenómeno común a todos los países católicos, de hecho no lo encontramos en todos los países vinculados al Vaticano, como es el 25 de diciembre: festivo en todo el Mundo Católico. En Chile, por ejemplo, el carnaval nunca ha estado en nuestro calendario, en otros países se celebra, pero de modo muy diferente al brasileño, que, al mismo tiempo, presenta diversas variantes, pero dentro de la misma fecha.
En Brasil el calendario es religioso, pero la fiesta es pagana. En una pequeña ciudad de Minas Gerais pude ver, en pleno domingo de carnaval, la iglesia repleta de creyentes por la mañana, como cualquier domingo donde las campanas retumban amplificadas con potentes parlantes. Estos, aún bajo los efectos del espíritu de la fiesta, asistían a misa como si no hubiera nada diferente por esos días. Curiosamente, por la noche, bailaban emborrachados por las calles adornadas para la algarabía, buscando el beso fugaz de la fiesta.
El sincretismo es una evidencia que permite un cierto relajo en Brasil, como en otros países de la región. En Chile la única celebración popular, un poco parecida al carnaval brasileño, es la Fiesta de la Tirana, donde los mestizos le bailan disfrazados a la virgen. Esta fiesta es en el Altiplano Chileno, a más de 2000 kilómetros de la capital, a una altitud incaica donde el vecino carnaval de Bolivia se desarrolla también de forma muy diferente al brasileño, talvez mucho más místico y religioso que corporal y sexual.
Sin embargo, no es sólo el mestizaje que lleva hacia la manifestación carnavalesca, pues si fuera así no habría carnavales en Europa o siempre habría en países con poblaciones híbridas. Lo veo más bien como una posibilidad que permite la religión en vigor y sus gobiernos. Si hubiera una visión dogmática de la Iglesia, y de esta una complicidad de los gobernantes, no habría carnaval en Brasil, como no hay en Chile. Se dice aquí en Brasil que el brasileño va a la misa durante el día y por la noche a la macumba , que los santos católicos la verdad son santos africanos, y que en realidad no se es religioso sino místico. Son imaginarios y realidades que Galeano nos narra con maestría en sus Memorias del Fuego (1988).
El carnaval, diferente de otras fiestas o manifestaciones culturales, se caracteriza por una fuerte transgresión de las instituciones sociales. La normalidad de las cosas, del funcionamiento de la ciudad y del país, se invierte. La irreverencia es su marca, la broma su herramienta y la sonrisa su escenario. Como lo distingue Bakhtin (1996), en su estudio sobre la literatura carnavalesca, la transgresión está en invertir los papeles de los personajes y de las instituciones que representan. Cervantes con su don Quijote , por ejemplo, lleva a cabo una magnifica relectura del modelo preponderante a su época, que era él del caballero andante junto a todos sus valores. La literatura, como el carnaval, tiene la posibilidad lúdica de brincar con la realidad y con sus seudo verdades. Ello muchas veces le ha costado caro tanto a la literatura como al carnaval; la censura y la cárcel han sido los castigos mínimos a su creatividad irreverente, pero la libertad siempre ha sabido usar el ingenio para sobrevivir a sus restricciones.
Una transgresión institucionalizada
Como en la literatura, el carnaval cuando se institucionaliza pierde su carácter irreverente de transgredir las normas vigentes, pues el mismo se transforma en una normalidad sin capacidad de asombro, que pueda incomodar al sistema. El propio sistema se aprovecha de él con fines de lucro, y lo usa para mantener toda una estructura basada en la desigualdad. Lo curioso y contradictorio es que en Latinoamérica, muchas veces, los valores y las normas ya viven una praxis invertida, como lo distingue Eduardo Galeano en sus Patas arriba: la escuela del mundo al revés (2000).
El caso de el don Quijote es muy ilustrativo, pues lo que era una sátira a los valores se ha transformado, por culpa de una mala educación hacia la lectura, en una extraña institución literaria que pocos la ven como transgresora. En el caso del carnaval todo comienza con la propia fecha oficial de los días libres dedicados a la parranda, o sea la propia jarana ya es una institución de la cual muchos brasileños tienen un fuerte orgullo patrio.
Como lo nota Damatta en libro: Carnavais, Malandros e Heróis: para uma sociologia do dilema brasileiro, (1997) el centro de la ciudad, él especifica la ciudad de Río de Janeiro de los años setenta, se transforma en un espacio completamente diferente, donde el agobiante mundo del trabajo abre sus avenidas para el gobierno de Momo, que simbólicamente, toma las llaves de la ciudad para una fiesta de casi una semana. Los trajes grises con sus corbatas angustiantes en el clima tropical se sustituyen por alegres disfraces, así como las calles, sofocadas por los coches y autobuses, se abren a nuevos peatones que con gusto caminan y bailan por esas avenidas prohibidas a sus pies durante todo el año. El ayuntamiento lo ha iluminado todo y ha puesto los adornos coloridos que preparan un ambiente especial para que los blocos o murgas entren con su alegría, iluminando aquel espacio destinado a la tristeza.
Cabe destacar que toda Escola de Samba en algún momento fue un Bloco de rua que tenía la irreverencia de jugar con cuestiones políticas muy puntuales, pero que con el paso de los años, frente a grandes intereses económicos, que han visto la fiesta como un excelente negocio, se han transformado en gigantescas empresas que trabajan con espectáculos encomendados. Por ejemplo, el gobierno del estado del Maranhão quiere divulgar su potencial turístico frente a las cámaras de la televisión Globo para el resto del país y del mundo. El Carnaval do Sambódromo resulta entonces en un excelente escaparate para que el gobernador del Maranhão pueda dar a conocer su producto. Para tal fin, le dará millones de reales a una Escola de Samba que pueda llevar a cabo un bello desfile temático en la avenida. De este modo, observamos que la fiesta es un negocio que envuelve mucho dinero; y donde hay muchas divisas mezclado a lo turístico, lo espontáneo y lo característico puede perderse o transformarse en cualquier cosa.
El país continental es complejo por su propio tamaño y diversidad cultural, así que no podemos imaginar que el Carnaval do Sambódromo lo es todo en el complejo mundo carnavalesco de Brasil. A modo de ejemplo, en la burocrática, pero no menos alegre, ciudad de Brasilia tuve la oportunidad de vivir mi primera experiencia carnavalesca en el Pacotão : una murga que tiene la marca irónica de jugar con los gobiernos y sus paquetes económicos. Todos los disfraces y alegorías estaban, en aquel año de 1987, vinculados a más una invasión y bombardeo de los Estados Unidos a un territorio ajeno. Actualmente, dando otro ejemplo, en Río de Janeiro me gusta acompañar al Bloco das carmelitas, que ironiza un convento de monjas que hay en el bohemio barrio de Santa Teresa. La murga cuenta la historia de una monja de claustro que saltaba el muro para pular o carnaval .
Como estos ejemplos hay un sinnúmero de manifestaciones carnavalescas en Brasil que aún mantienen el espíritu irreverente de la fiesta, de los cuales cabe destacar la transgresión sexual que el carnaval da riendas sueltas durante el reinado de Momo. Un disfraz típico, en muchos rincones de Brasil, es cuando los hombres se visten de mujer y ellas de hombres. Resulta muy curioso observar a extrañas parejas besándose sin mucha intimidad por las calles: ¿Quién es ella o él? Poco importa y nadie se molesta.
Por otro lado, los niños parecen los más felices con sus disfraces y bailes especiales para ellos, los ancianos más juveniles también aprovechan la fiesta para mover su esqueleto, pero son los jóvenes sin compromiso de pareja los que más prefieren la algarabía. Para ellos la transgresión de un beso fugaz es una norma con carácter deportivo donde la cantidad parece superar con creces la calidad. Una actitud algo común durante el año, pero que en el carnaval lleva al gobierno a realizar intensas campañas para el uso del preservativo.
La transgresión erótica también se institucionaliza transformando al carnaval en una fiesta exhibicionista y hedonista donde la belleza del cuerpo perfecto, en los días actuales, desafía a la ciencia y a sus técnicas en la transformación de la naturaleza. Lo erótico del carnaval también se oficializa en la clandestinidad del turismo sexual y en una larga tradición que vende una imagen sensual del país. Sin embargo, la transgresión erótica del carnaval brasileño siempre guarda luminosos momentos de un juguetón ambiente que la fiesta exalta, como es el caso de la Banda de Ipanema , que declarada patrimonio de la ciudad de Río de Janeiro, jamás podrá sucumbir. En ella el mundo gay fluye con disfraces y besos que exaltan un alegre orgullo tantas veces reprimido por la sociedad patriarcal. Ellos con ellos y ellas con ellas parecen disfrutar ese gran momento anual más que cualquier otro grupo carnavalesco, pues es una posibilidad que el resto del año les niega en muchas instancias.
Como todos los lugares en Brasil existen múltiples religiones y tipos de personas, así que son muchos los que condenan a festa de Satanás , principalmente los evangélicos que hacen retiros espirituales en masa, donde cantan y bailan sin beber alcohol y sin realizar ningún tipo de transgresión. La Iglesia Católica no censura la fiesta, pero recomienda una moderación de agua fiesta.
Para la gran mayoría de los brasileños la transgresión es simplemente no tener que trabajar, nada de disfraces ni murgas, nada de música alta ni desfiles carnavalescos. Unos días en familia en algún lugar sosegado sería um bom carnaval . Sin embargo, eso resulta caro y complicado, pues son millones buscando lo mismo, así los atascos en las carreteras son interminables, en muchas ciudades turísticas falta el agua y hay una infinidad de problemas que atrapan más una vez al ciudadano común. Al final el sistema se burla de él y le pone un disfraz que nunca se lo quita.
Un carnaval para Chile
Las corrientes culturales en la actualidad están más vivas que nunca yendo para un lado y para otro, no solamente desde el centro de los países poderosos, sino que también desde los periféricos hacia otros que viven al margen de las grandes economías. En el mundo hispánico esto siempre ha sido un fenómeno muy particular entre nosotros, parece que el idioma nos une con una extraña complicidad que nos hace mantenernos al día con lo nuestro. En el mundo lusitano esto casi no se da, pues Brasil se aísla en su gigante mundo transformándose en un exportador cultural más que en un receptor. Aquí lo que llega para animar a festa es solamente aquello que corresponde al modelo global de las grandes grabadoras; nada de música en español que no haya pasado por Miami o de otros ritmos al margen.
En cambio en Chile, por ejemplo, como en muchos otros países, hay una curiosidad y un deseo muy grande hacia Brasil, por sus ritmos, bailes y fiestas. En el estrecho país, en los últimos años, se ha desarrollado no sólo una ideología por hacerse rico, sino, paralelamente, por vivir un país más alegre. Ello viene bajo el alero no sólo del fin de una dictadura que había acabado con la vida nocturna, sino también gracias a una democracia que abre los espacios públicos para las más variadas manifestaciones culturales.
En Chile hay una gran tradición de lucha, que busca, por medio de una transgresión de la norma, un cambio en las estructuras de poder. La marcha política, a pesar de distante del bloco carnavalesco, se parecen en la medida en que ocupan la calle con una complicidad de grupo, pero se separan cuando notamos que el segundo no está preocupado en transformar la sociedad, a pesar de que riéndose de ella acaba creando una situación de conflicto bastante revolucionaria. En ambas manifestaciones encontramos un deseo de transgresión y de cuestionamiento de la realidad contingente, el grito o la música son las armas, pero en el bloco carnavalesco hay más alegría que en la marcha, pues la falta de compromiso relaja el ambiente.
Se piensa que Chile es un país conservador, y lo es en gran medida, pero existe mucha gente que desea cambios, no sólo políticos como siempre, sino también culturales. Así notamos que por las calles del país comienza a haber más música y baile. También vemos teatro y circo por los parques y plazas, con jóvenes que practican la batucada brasileña, el candombe uruguayo o la salsa caribeña. Dentro de esta globalización particular, lo chileno cobra una nueva vitalidad cosmopolita para la fiesta. Observamos así en Chile, un nuevo mosaico bohemio y cultural, donde lo que más llama la atención son dos Escuelas de Samba al estilo carioca, que desfilan durante el verano de Santiago, pero sin una fecha determinada, pues aún pasarán muchos años antes de que el Congreso piense en oficializar un carnaval para Chile.
Bibliografia
BAKHTIN, Mikhail. A cultura popular na Idade Média e no Renascimento: O Contexto de François Rabelais. Tradução de Yara Frateschi, 3ª ed. Brasília: Edunb, 1996.
DAMATTA, Roberto. Carnavais, Malandros e Heróis: para uma sociologia do dilema brasileiro . 6º ed. Rio de Janeiro: Rocco, 1997.
GALEANO, Eduardo. Memorias del fuego. 3 Vols., La Habana: Casa de las Américas, 1988.
_____. Patas Arriba: la escuela Del mundo al revés. 4 ª ed. Buenos Aires: Catálogos, 2000.